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Es común creer que comer chocolate es caer en el inevitable e imperdonable pecado que destruye todas las dietas. Sin embargo, puede traer múltiples beneficios para la salud.

Se come más en los meses de invierno, sobre todo en junio y en julio; debido que al comer una porción el cuerpo aumenta su temperatura, lo que crea confort en los días y las noches fríos, lo que lo convierte en el «gustito» preferido después de la cena.

La composición química del chocolate se destaca por su elevada concentración de polifenoles, principalmente flavonoides, una sustancia química que ayuda a prevenir los problemas cardiovasculares.

Los flavonoides del cacao se hallan en mayor concentración en el chocolate amargo, por lo cual el consumo de chocolate con leche o el chocolate blanco no muestra los mismos efectos beneficiosos.

Cuanto más amargo es y menor concentración de azucares agregadas y leche o grasa tiene mejor será la actividad antioxidante, ya que los flavonoides pueden proteger los tejidos del estrés oxidativo, es decir, previene el envejecimiento prematuro de las células; ayudar a disminuir el colesterol malo, disminuir la presión arterial y la vasodilatación periférica, tanto en personas sanas como ligeramente hipertensas.

Una porción entre 10 y 20 gramos diarios beneficia el estado de ánimo, ocasiona placer, mejorar la visión y el estado de amor, mantiene el cerebro activo, mejora la piel y las relaciones interpersonales. Legalizar el placer en su justa medida ayuda no solo a prevenir enfermedades sino además a mantener los hábitos en el tiempo.

Fuente: TN

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